Meditando (III)

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Si no leíste la segunda parte de “Meditando” puedes hacerlo aquí

Vomitó dos veces antes de salir de casa. Tras la primera vez se molestó en cubrir con maquillaje las petequias que le aparecieron en la zona de la ojera a causa del esfuerzo, la segunda vez no se sintió con ganas.

Su cabeza no podía pensar con claridad. ¿Debía ocultar en la entrevista lo que acababa de conocer? ¿Era un buen momento para tener un bebé, ahora que tenía la oportunidad de reafirmarse profesionalmente? ¿Ahora que tanto ella como Manuel habían construido una vida en la que no cabían los niños? Pero este bebé es nuestro sueño. Odio mi trabajo pero pronto estaré de baja por maternidad y luego ya veré qué hago. Pero ONboard es mi gran oportunidad para ser feliz con lo que hago y con lo que soy. No puedo esconderles que estoy embarazada. Pero aún no sé qué voy hacer, así que porqué debería adelantar acontecimientos. Lo diré cuando lo tenga que decir, si es que finalmente hay algo que decir. Pensamientos que se superponían unos a otros y que casi hicieron que se pasara de largo la parada. El metro se detuvo en Cruz del Rayo y Marina bajó con la cabeza obnubilada y las manos ligeramente temblorosas. Tenía que calmarse. Su compañera y casi amiga de la oficina le había explicado unos métodos de meditación exprés que podían hacerse en cualquier lugar y en cualquier momento, incluso en los concurridos pasillos del Metro de Madrid en hora punta.

Así que mientras su futuro se estaba escribiendo y reescribiendo, Marina trataba de dejar la mente en blanco caminando entre hombres y mujeres que estaban junto a ella pero sin estar allí.

Continuará. El domingo 18 tendréis la cuarta y última parte de este relato.

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Meditando (II)

Si no leíste la primera parte de “Meditando”, puedes hacerlo aquí

meditando2Sonó el despertador. Hoy era el gran día, el día en que iba a deslumbrar al entrevistador de ONboard. Se había estado preparando durante gran parte de la noche.

Tenía que llamar a la oficina para decir que estaba enferma, tal y como había planeado el día anterior, pero primero café. El día no empieza hasta que te tomas el café, se dijo. Su compañera y casi amiga de la oficina, la que le había recomendado la meditación para aplacar sus nervios, le había insistido también en la importancia de dejar el café, pero aquello no era negociable.

Mientras colocaba el filtro en la cafetera repasando mentalmente lo que le diría a su jefe empezó a sentirse enferma de verdad. Tal vez se estaba autosugestionando de un modo realmente efectivo, o quizá solo era a causa de los nervios; no todos los días una es entrevistada para el trabajo de sus sueños. Abrió el bote de café molido y unas leves arcadas amenazaron su buen humor, así que decidió hacer caso por una vez a su compañera y casi amiga y se preparó una manzanilla.

La tomó, respiró profundamente, tomó el teléfono con decisión y marcó el número de la oficina. Puso su mejor sonrisa telefónica, preguntó por Armando, habló con él, le convenció. Ya estaba un paso más cerca.

Cuando estaba a punto de entrar en el baño el teléfono sonó. Una pequeña ola de negatividad la asaltó pensando que tal vez Armando había cambiado de opinión; seguro que le pedía un justificante para recursos humanos.

-¿Sí?

-¿Marina Cordonero?

-Sí, soy yo. ¿Quién es?

-Soy el doctor Maldonado. Te llamo para cancelar tu cita en radiología programada para el martes 21.

-¿Hay que posponerla? – preguntó Marina confundida –No se preocupe doctor, no hay prisa, es una revisión rutinaria. Mi tobillo va mucho mejor.

-No, hay que cancelarla. Tengo aquí los resultados de tu última analítica. Estás embarazada.

 

Continuará

Meditando

meditandoUna llamada telefónica interrumpió su “meditación”. Utilizo el término entre comillas porque aquella práctica rutinaria no era más que una dosis de veinte minutos diarios de frustración. Llevaba meses intentándolo, nadie podía acusarla de falta de fuerza de voluntad, pero no podía vislumbrarse ningún tipo de progreso. Se sentaba en una incómoda y forzada posición de loto, cerraba los ojos, permanecía inmóvil hasta que comenzaba a picarle un pie o el lóbulo de la oreja derecha, empezaba a respirar con el abdomen, tosía, abría los ojos, dejaba la mente en blanco durante cinco segundos, empezaba a pensar en todo lo que tenía que hacer y el poco tiempo del que disponía, se lamentaba de su existencia durante cinco minutos más y entonces sonaba la alarma del móvil. Preparaba el café y volvía a la rueda, una rutina que llevaba aburriéndola y atormentándola varios años desde que perdió el bebé que tan insistentemente habían estado buscando. Las crisis de ansiedad eran constantes, así como las largas épocas de decaimiento y apatía. Una compañera y casi amiga de la oficina le había recomendado la meditación para hacer frente a todo aquel desasosiego. Le dijo que lograría aumentar su energía y positivismo. Hasta la fecha seguía intentándolo con ahínco, pero nada de nada.

Agradeció esa llamada disruptiva y, todavía en posición de loto, se estiró para alcanzar el teléfono.

-¿Sí?

-Buenos días, ¿Marina Cordonero?

-Sí, soy yo. Dígame.

-Le llamamos de ONboard en respuesta al currículum que nos mandó hace algunos años. Por aquel entonces no estábamos seleccionando personal pero actualmente tenemos una vacante en la cual su perfil encaja a la perfección. Estaríamos muy interesados en conocerla personalmente pues, como le decía, consideramos que es usted perfecta para el puesto. Entendemos que ha pasado mucho tiempo y puede que usted ya no esté tan interesada pero si nos da la oportunidad de conversar estaríamos muy agradecidos.

-Sí, por supuesto. Actualmente estoy trabajando pero puedo hacer un hueco para un encuentro.

-Estupendo.

Concretaron un encuentro para el día siguiente. Marina no quería arriesgarse a que la empresa en la que siempre había querido trabajar desde antes de terminar la carrera se arrepintiera en algún momento de esa llamada casi suplicante. Lo había decidido, mañana llamaría a la oficina diciendo que está enferma.

(Continuará)

Se secó

seseco¿Y qué ocurre si resulta que la inspiración es un bien no renovable? Se secó la fuente, ya no produce más; se acabó para siempre.  Habrá que empezar a dedicarse a tareas que no requieran de ese preciado estímulo. Mi nueva ocupación podría ser mirar cómo pasa la vida pero sin verla, oírla sin escucharla, inhalarla sin ser capaz de olerla, tocarla sin sentir nada y comerla sin opción de saborearla.

Salvaje

lobo_pQuiero incivilizarme, descultutizarme y desnudarme de prejuicios. Quiero hacer lo que deba y que mi naturaleza mande sobre mí, no una sociedad holográfica donde lo real sea repudiado y obligado a esconderse. Quiero ver el cielo, no la tele; escuchar al Universo, no la radio; leer miradas, no la prensa. Quiero correr en manada cuando me apetezca y adentrarme sola en el bosque cuando lo necesite. Quiero borrar etiquetas. No soy introvertida, ni fuerte, ni guerrera, ni creativa, ni lista, ni siquiera soy una superviviente. Tan sólo soy salvaje.

Vivir no es hacer; vivir es sentir

sentir¡Si al menos pudiera odiarte! Sentiría algo, así fuera un odio devastador que royera mis entrañas. Pero no, en mi corazón un vacío, en mi mente un silencio; no logro recordar. Cuéntame qué pasó, pues tienes esa mirada. Háblame de todo el mal que nos hicimos para que el dolor en mi pecho me recuerde que soy un ser humano. Háblame de todo lo bueno que ya nunca volverá, tan bueno que mi cerebro traicionero lo ha desterrado de mi memoria para mantenerme así: fría, serena, a salvo, sin vida.