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No segregamos

“…No comprendo las conductas racistas o misóginas. No entiendo el odio hacia negros, judíos, mujeres, homosexuales, por el simple hecho de serlo. ¿Por qué odiar a una parte de la población? ¿Por qué despreciar solo a unos cuantos cuando se puede odiar a toda la raza humana?…”

Fragmento del discurso de investidura del presidente del partido Transhumanos por el fin de la humanidad (TFH)

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Qué pena

Te vendan los ojos y te dan tres vueltas como en el clásico juego infantil de la gallinita ciega. Te ponen la música muy alta, y te encienden la televisión, y te ponen en una calle con luces y coches y gente que habla mucho y no dice nada. Te dan una bofetada pero antes anestesian tu rostro para que no la sientas. Atrofian tu olfato salvaje con sucedáneo de olor a limpio  y ya no recuerdas a qué sabe el amor intenso. Y tú te dejas. Qué pena.

Se secó

seseco¿Y qué ocurre si resulta que la inspiración es un bien no renovable? Se secó la fuente, ya no produce más; se acabó para siempre.  Habrá que empezar a dedicarse a tareas que no requieran de ese preciado estímulo. Mi nueva ocupación podría ser mirar cómo pasa la vida pero sin verla, oírla sin escucharla, inhalarla sin ser capaz de olerla, tocarla sin sentir nada y comerla sin opción de saborearla.

Vivir no es hacer; vivir es sentir

sentir¡Si al menos pudiera odiarte! Sentiría algo, así fuera un odio devastador que royera mis entrañas. Pero no, en mi corazón un vacío, en mi mente un silencio; no logro recordar. Cuéntame qué pasó, pues tienes esa mirada. Háblame de todo el mal que nos hicimos para que el dolor en mi pecho me recuerde que soy un ser humano. Háblame de todo lo bueno que ya nunca volverá, tan bueno que mi cerebro traicionero lo ha desterrado de mi memoria para mantenerme así: fría, serena, a salvo, sin vida.

Outfit eterno

dressAbrió el armario de par en par y contempló con nostalgia toda su ropa. Estaba harta de llevar siempre lo mismo, pero ya no podía ponerse ninguna de aquellas prendas.

Con una mezcla de pena y enojo maldijo a su madre por haber elegido ese ridículo vestido carmesí como mortaja.