RESET 2111

Capítulo 0

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Como tantas otras madres, Marcela escuchaba aterrada las últimas noticias acerca de la nueva “droga” que circulaba peligrosamente cerca de sus hijos. Reset iba ganando adeptos entre los jóvenes de existencia tranquila y acomodada mientras ni la policía, ni los medios, ni el gobierno eran capaces de frenar el avance de la sustancia.

Reset se presentaba como la solución drástica al dolor existencial del siglo XXII: empezar de cero. Literalmente. Esta solución radical y permanente se dispensaba en pequeños cartoncitos impregnados de un líquido que formateaba el cerebro más o menos dependiendo de la cantidad de producto ingerido. Un quinceañero que se metía medio cartón olvidaba todo lo vivido, aprendido y sufrido durante la segunda mitad de su vida, volviendo a la inocencia que otorga una segunda oportunidad para redirigir el rumbo. El que se comía el cartón entero ponía su cerebro en estado de fábrica. Contundente.

Pero el uso más extendido de la droga era la ingesta de una ínfima porción de cartón que permitiera olvidar los acontecimientos más recientes. Uno o dos años de tortura constante en el instituto, una ruptura amorosa desgarradora, una violación en una fiesta, una decisión de la que avergonzarse toda la vida… El problema estaba en la dificultad de controlar la cantidad de producto a tomar. Reset se fabricaba y movía clandestinamente y el volumen de principio activo variaba mucho de un cartón a otro. Imposible saber hasta dónde ibas a retroceder.

Los padres sometían a los adolescentes a cuestionarios periódicos con los que comprobar que recordaban los acontecimientos de las últimas semanas, pero a medida que avanzaba el control surgían nuevas formas de burlar el examen. Se tejieron fuertes redes de colaboración interesada entre usuarios habituales de cartoncitos contra el dolor. Jóvenes incapaces de gestionar la frustración y vivir con las consecuencias de sus decisiones empezaron a resetearse cada vez con mayor asiduidad, provocando una hecatombe en la sociedad. Planes de estudios que dejaron de tener sentido en aulas llenas de cerebros vacíos; hogares en los que se mantenía a eternos infantes; retos virales que incitaban a olvidar la vida por el mero hecho de olvidar, porque renunciar a uno mismo estaba de moda. Y la juventud en masa de una sociedad desquiciada recurría a Reset para desaprenderlo todo con la esperanza de así poder comprender el mundo loco en el que vivían.

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