Qué pena

Te vendan los ojos y te dan tres vueltas como en el clásico juego infantil de la gallinita ciega. Te ponen la música muy alta, y te encienden la televisión, y te ponen en una calle con luces y coches y gente que habla mucho y no dice nada. Te dan una bofetada pero antes anestesian tu rostro para que no la sientas. Atrofian tu olfato salvaje con sucedáneo de olor a limpio  y ya no recuerdas a qué sabe el amor intenso. Y tú te dejas. Qué pena.

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