Meditando (IV)

Si no leíste la tercera parte de “Meditando” puedes hacerlo aquí

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No se lo podía creer. Todo había sido tan fluido y espontáneo. Como si alguien hubiera estado hablando a través de ella, se vio a sí misma comunicándole al entrevistador su recién descubierto embarazo y sus dudas acerca de qué hacer con ello. Como si la vida no pudiera parar de sonreírla, vio al entrevistador responder con total naturalidad que su decisión acerca de ser o no ser madre no iba a repercutir en modo alguno en su contratación; si ella decía sí, el puesto era suyo.

Decidió que antes de telefonear a Manuel y a su madre debía calmarse un poco. Estaba emocionada, nerviosa, no podía dejar de temblar. También estaba feliz.

Meditaría unos minutos antes de llamar. Se serenaría y encontraría el modo de comunicar a sus seres queridos las mejores noticias que había recibido en muchos años. Daría las gracias. Su compañera y casi amiga de la oficina le había explicado que es muy sano meditar con gratitud, pues eso te pone en un estado de armonía que te predispone a recibir más cosas buenas. No perdía nada por probarlo, realmente se sentía agradecida y con ganas de calmarse.

Como siempre, se sentó en su recientemente habilitada “zona de meditar” y puso la alarma del móvil para dentro de veinte minutos. Inspira, mente en blanco; espira, gracias; inspira, ¿a qué hora debería llamar a mi madre?; espira, gracias; inspira, ¿cómo se lo tomará Manuel?; espira, mente en blanco, mente en blanco, Marina, tú puedes; inspira, espira, inspira…

Mente en blanco.

Mente en blanco.

Mente en blanco.

Sonó la alarma del móvil. ¿Ya? ¡Ahora que lo había conseguido! Diez minutitos más.

Mente en blanco.

Mente en blanco.

Sonó de nuevo el teléfono, pero esta vez era una llamada. Entreabrió los ojos con la mente algo desorientada.

-Buenos días, ¿Marina Cordonero?

-Sí, soy yo.

-La llamo de la Clínica Montaña, solo es para confirmar su cita en radiología para el martes. ¿Acudirá?

Mente en negro.

Ya lo decía su compañera y casi amiga de la oficina, para meditar hay que encontrar una posición cómoda, pero no demasiado. Podrías quedarte dormida.

 

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