Meditando

meditandoUna llamada telefónica interrumpió su “meditación”. Utilizo el término entre comillas porque aquella práctica rutinaria no era más que una dosis de veinte minutos diarios de frustración. Llevaba meses intentándolo, nadie podía acusarla de falta de fuerza de voluntad, pero no podía vislumbrarse ningún tipo de progreso. Se sentaba en una incómoda y forzada posición de loto, cerraba los ojos, permanecía inmóvil hasta que comenzaba a picarle un pie o el lóbulo de la oreja derecha, empezaba a respirar con el abdomen, tosía, abría los ojos, dejaba la mente en blanco durante cinco segundos, empezaba a pensar en todo lo que tenía que hacer y el poco tiempo del que disponía, se lamentaba de su existencia durante cinco minutos más y entonces sonaba la alarma del móvil. Preparaba el café y volvía a la rueda, una rutina que llevaba aburriéndola y atormentándola varios años desde que perdió el bebé que tan insistentemente habían estado buscando. Las crisis de ansiedad eran constantes, así como las largas épocas de decaimiento y apatía. Una compañera y casi amiga de la oficina le había recomendado la meditación para hacer frente a todo aquel desasosiego. Le dijo que lograría aumentar su energía y positivismo. Hasta la fecha seguía intentándolo con ahínco, pero nada de nada.

Agradeció esa llamada disruptiva y, todavía en posición de loto, se estiró para alcanzar el teléfono.

-¿Sí?

-Buenos días, ¿Marina Cordonero?

-Sí, soy yo. Dígame.

-Le llamamos de ONboard en respuesta al currículum que nos mandó hace algunos años. Por aquel entonces no estábamos seleccionando personal pero actualmente tenemos una vacante en la cual su perfil encaja a la perfección. Estaríamos muy interesados en conocerla personalmente pues, como le decía, consideramos que es usted perfecta para el puesto. Entendemos que ha pasado mucho tiempo y puede que usted ya no esté tan interesada pero si nos da la oportunidad de conversar estaríamos muy agradecidos.

-Sí, por supuesto. Actualmente estoy trabajando pero puedo hacer un hueco para un encuentro.

-Estupendo.

Concretaron un encuentro para el día siguiente. Marina no quería arriesgarse a que la empresa en la que siempre había querido trabajar desde antes de terminar la carrera se arrepintiera en algún momento de esa llamada casi suplicante. Lo había decidido, mañana llamaría a la oficina diciendo que está enferma.

(Continuará)

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4 pensamientos en “Meditando

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