¿Quién pagará tus deudas?

la cancha

Planeó concienzudamente su primera aparición por la cancha de baloncesto del barrio durante casi un año. Había estado esperando a que le crecieran las tetas, pero parecía que éstas no tenían prisa por salir y la paciencia de una adolescente es más que limitada. En el barrio todavía más. El día de su 14 cumpleaños se puso su pantalón más ancho, la versión femenina de la camiseta del PSG y una gorra de los Lakers demasiado grande para su cabeza pequeña y su pelo lacio extremadamente fino. Cuando se miró en el espejo se sintió poderosa, pero al bajar a la calle y comenzar a caminar esa seguridad fue desvaneciéndose a medida que crecía su lucha por mantener los pantalones sujetos a su todavía recta cadera. El viento se encargó de enseñarle una lección: llevar gorra es un arte al alcance de unos pocos. Cuando se cansó de correr tras ella y recogerla del suelo dio por aprendida la lección y se la metió en el bolsillo derecho del vaquero dejando sobresalir la visera. 

Siguió caminando con toda la endereza que le permitía su pantalón resbaladizo mientras repasaba mentalmente las rimas que iba a rapear. Llevaba mucho tiempo preparándose para ese momento; en cuanto los mayores la escuchasen su vida iba a cambiar. No había mujeres raperas en aquel suburbio parisino. Salima, la argelina de los bloques nuevos de Sarcelles, rimaba de vez en cuando, pero lo que ella hacía era más bien Raï&B, además, ya se había prometido a Karim así que pronto se iría a vivir a Rennes. Tampoco había apenas latinos en aquel barrio habitado mayormente por norteafricanos, con el árabe dialectal como lengua dominante y el raï sonando de fondo. Su rap sonero  y el francés mezclado con español iban a ser el soplo de aire fresco que la escena necesitaba.

Ya podía ver la cancha. Un nudo se formó en su estómago. Su hermano Mario siempre decía que cuando uno está muy nervioso o asustado tiene que sonreír, porque relaja. “Me relaja y además molesta a los judas que me quieren ver muerto”, lo decía siempre sonriendo.

Atravesó el parque con media sonrisa y la cabeza gacha.

– ¿A dónde vas, Criolla? – los chicos de los bloques de la calle Mistral se acercaron a ella con muecas socarronas – ¿Podemos ir a tu fiesta de disfraces? Tenemos ron. ¿Te gusta el ron?

Risas.

– Voy a la cancha.

– ¿Vas a enseñarle las bragas a los mayores?

Más risas.

– Voy a rapear.

Carcajadas. Chicos levantándose de los bancos y haciendo aspavientos con los brazos imitando el bamboleo sobreactuado de los negros de las películas cómicas.

– ¡La hermana del Criollo va a ser la nueva estrella del Rap Game!

Risas con sorna. Ella empezaba a sentir ganas de llorar, pero no podía permitir que aquellos inútiles desperdiciaran el día de su cumpleaños. Se había preparado mucho. Les esquivó y siguió su camino.

– ¡Eh! – le gritó el que había estado llevando la voz cantante durante todo el hostigamiento – Hasta que triunfes y te hagas rica, ya te diré yo cómo puedes conseguir pasta, – risas y gestos obscenos – para que me devuelvas todo lo que tu hermano me debe.

Decidió no mirar atrás. Su objetivo era la cancha, el lugar donde se reunían los jóvenes del barrio que aún tenían esperanza en el futuro.

Allí estaban todos. Eran de su mismo barrio, habían ido a su mismo instituto, y sin embargo eran tan inaccesibles… Artistas, buscavidas, tipos importantes. Ibra, Amara, Mehdi, Moncef, Chino, Bachiro y Mamadou. La conversación era fútil pero todos se callaron cuando la vieron llegar, como si un asunto de estado hubiera sido atropelladamente interrumpido.

– ¿Qué quieres?

– Vengo a rapear.

Miradas de escepticismo.

– Tú eres la hermana del Criollo, ¿verdad?

– Sí, pero ya estoy harta de que me conozcan por mi hermano. En el instituto todos me odian por su culpa. Quiero ser yo. Soy Viral.

– ¿Viral? ¿Te llamas Viral? – risas.

– Sí, bueno, no. Me llamo Elvira, pero Viral me gusta más.

– Y vienes a rapear – gesto condescendiente.

Sí.

– Pues venga, El-Viral. Cántate algo.

Risas sin malicia, como las de los hermanos mayores.

Nadie me conoce pero pronto van a hacerlo

Para ser la chica nueva no hay que hacer nada solo serlo

Pero para ser alguien en el barrio hay que merecerlo

Trabajar duro y sin descanso para así crear un imperio

Hoy es el primer día de mi vida y…

El ruido sordo de un disparo.

Todos se echaron al suelo, la fuerza de la costumbre. Se escucharon gritos a través de algunas ventanas de los bloques, otras se cerraron de golpe. Los niños que estaban jugando en los portales entraron en sus casas.

Tras esos primeros instantes de confusión los chicos de la cancha se reincorporaron, todos menos El-Viral, que yacía boca abajo con la cabeza reposando sobre un charco de sangre. El-Viral, muerta en su primer día de vida tras catorce años siendo la hermana del Criollo.

 

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4 pensamientos en “¿Quién pagará tus deudas?

    1. Gi Autor de la entrada

      Muchas gracias Víctor.
      Ya verás que los microrrelatos son un vicio 😉
      He visto en tu perfil que eres educador (me encantó el post de tus poemas vistos por los niños), yo también lo soy, te invito a conocer mi blog sobre educación no formal http://lastreseducaciones.com/ Un saludo, nos leemos.

      Me gusta

      Responder
  1. Pingback: #RelatosMusicales | Tagirrelatos

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