Dejarse llevar

ventanaNo podía concentrarse en la lectura. Cerró el libro y con él los ojos para tratar de sentir las pequeñas oscilaciones del avión. Inspiró profundamente mientras se imaginaba superando la velocidad del sonido; retuvo el aliento, explosión sónica en su cabeza; espiró lentamente, con la confianza del que se deja llevar a un lugar mejor.  Quiso comprobar si su ciudad ya era una miniatura y abrió los ojos para mirar a través de la ventana. La plaza, sin más. La misma plaza que llevaba viendo toda la vida desde su habitación. No entendía cómo los libros lograban transportar a otros humanos y con ella no funcionaba.

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3 pensamientos en “Dejarse llevar

  1. José Ignacio

    Bueno, no importa, a lo mejor la transportaban la música, el cine, las manualidades, las matemáticas o el deporte. Cualquier pasión es humana y, por tanto, noble.

    Yo me quité de encima una buena medida de elitismo absurdo cuando redescubrí mi pasíon por la F1 a manos (nunca mejor aplicado) de Alonso. Eso me hizo sentirme hermanado con quienes cada lunes por la mañana van en el metro devorando el As o el Marca, buscando recrear una vez más el sabor de la victoria o explicar la derrota sin dejarse demasiados girones de carne.en ella.

    Gracias por tus relatos.

    Un abrazo,

    JI

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