No tengo prisa

tengo las piernas largas

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El nuevo genio

 

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“Composiciones arriesgadas, colores embriagadores, contrastes inquietantes y sobre todo conceptos magistrales. Así es la obra de Honorio Márquez, el artista revelación de la última edición de Arte Musas”.

Así abría la crítica del mes en el último ejemplar de Arterio, la mejor revista de arte de habla hispana.

Honorio llevaba toda la mañana respondiendo Whatsapps y Tweets a destajo.

Su galerista, encrestado y almidonado, se vanagloriaba de su gran descubrimiento.

Su mujer, hasta aquel día más bien escéptica, se sentía ahora culpable por no haber sabido comprender su obra.

Su madre, orgullosa  engendradora del nuevo genio español, se pavoneaba aún más que el galerista. Él lo había descubierto, sí, pero ella le había dado su sangre y su leche.

Su hijo, pequeño bípedo endemoniado, había ralentizado con su llegada al mundo la ya de por sí lánguida carrera de su padre.

Honorio se sentía más agasajado que nunca.

Galerista:

-Ya sabía yo que este día llegaría. ¡Siempre positivo, Honorio, siempre positivo! Nunca es tarde para recibir la dulce cosecha del éxito. Tu obra actual no ha dejado indiferente a nadie. Es tan conceptual, tan madura, tan sabia… ¡Si es que pasados los 40 es cuando se tienen verdaderas cosas importantes que transmitir! Tu obra se comunica, Honorio, ¡se comunica! He estado explicándole algunas de tus obras a tu mujer, ya está aprendiendo a interpretarlas ella sola, ¿verdad, Adela?

Adela:

-Estoy impresionada con tu trabajo y sobre todo con tu perseverancia, Honorio. Perdóname por haber llegado a dudar de ti, no volverá a pasar. Voy a estar apoyándote en todo. Para empezar, estos días vamos a dedicarlos por completo a tu presentación. Ya hemos quedado con tu madre que el niño se queda con ella, para que podamos estar totalmente concentrados y disponibles. ¿Verdad, Hortensia?

Hortensia:

-¿Cuándo no ha estado tu madre para apoyarte, eh, Honorio? Tú no te preocupes por nada. Céntrate en las entrevistas, en la exposición y en todas esas cosas, que yo me llevo a Miguelito a casa y vamos a estar los dos la mar de bien, que además ya es un niño grande y dormirá él solito en el cuarto de la buhardilla. ¿Verdad que sí, Miguelito?

Miguelito:

-Papá, ¿en casa de la abuela podré seguir pintándote cuadros?

No segregamos

“…No comprendo las conductas racistas o misóginas. No entiendo el odio hacia negros, judíos, mujeres, homosexuales, por el simple hecho de serlo. ¿Por qué odiar a una parte de la población? ¿Por qué despreciar solo a unos cuantos cuando se puede odiar a toda la raza humana?…”

Fragmento del discurso de investidura del presidente del partido Transhumanos por el fin de la humanidad (TFH)

Una pequeña piedra

Estuvo a punto de morir ahogada en la peor tormenta que los ancianos recuerdan, pero nadó aún sin saber hacerlo hasta encontrar una nueva orilla.

Allí fue atacada por una manada de perros salvajes que la obligaron a correr durante horas hasta hallar un árbol lo suficientemente alto en el que trepar y ponerse a salvo. Las fieras no se cansarían de rodear el árbol, así que tuvo que aprender a volar para escapar.

Las criaturas de los cielos decidieron por unanimidad que aquel no era lugar para ella, y se lo hicieron saber enviándole un tornado que la llevó de nuevo a estrellarse en las áridas tierras que la vieron nacer.

Sobrevivió a una caída de mil metros y se levantó con apenas unos pocos rasguños superficiales en su piel. Se sintió fuerte, se sintió invencible, se sintió inmortal.

Así anduvo feliz por la vida hasta que tropezó con una pequeña piedra en el camino y cayó, rompiéndose en mil pedazos. Entonces empezó a llover, y allí donde reposaba su cabeza se formó un pequeño charco en el que pudo ver reflejado su rostro agotado en los instantes previos a morir ahogada.